Dice el viejo tango que ”un tropezón cualquiera da en la vida”. Pues bien: ese tropezón que usted se dio y que casi lo hace caer de bruces, en medio de las risitas sarcásticas de su entorno, ya le puede dar la vuelta al mundo convertido en video de internet.
A un tic de la fama
Por Oscar Domínguez G.
Dice el viejo tango que ”un tropezón cualquiera da en la vida”. Pues bien: ese tropezón que usted se dio y que casi lo hace caer de bruces, en medio de las risitas sarcásticas de su entorno, ya le puede dar la vuelta al mundo convertido en video de internet.
¿Por qué dejar en el anonimato esa cara que ponemos cuando nos pillan con las manos en el paisaje femenino ajeno?
En la web podría figurar el video del momento en que el presidente Bush, en presencia de Barney, su mascota, se atraganta comiendo galletas, cuando veía béisbol en el televisor anoréxico de la Casa Blanca. Quedó demostrado que Mr. George no puede ver tv. y comer al tiempo.
Todavía es hora de ver las caras de estupefacción del Príncipe de Asturias y de su esposa cuando la rana les confirmó que habrá segundo heredero, pero que será también una dulce chapetoncita.
No solo videos, sino fotos, ideas, conocimientos, experiencias, osos monumentales y audacias menores ameritan los honores de mojar internet. El rostro de alegría que puso el papa Benedicto XVI cuando fue autorizado para que compartiera el arduo voto de castidad con sus dos gatos en su apartamento pontificio, merece estar en la red.
Lo mismo que cabezazos como el del presidente Uribe al sacar –¡por fin!- a pasear a doña Lina, entre Palacio y el Capitolio, el día de su segunda posesión.
Internet brinda la oportunidad de que cualquier gracia que hagamos tenga toda la publicidad gratuita del caso en cuestión de segundos. Internet acabó con el abyecto anonimato.
El aparato que nos puede hacer famosos en menos que se persigna un monseñor pederasta, ha sido declarado por la revista Time el invento del año. Dicho cachivache se llama Youtube, y fue inventado a seis manos por un chino y dos gringos. Se trata del famoso sitio de internet que sirve para subir y observar videos.
En este momento, se calcula que circulan por sus venas más de 100 millones de videos. Y Flickr, el portal gráfico, tiene archivadas 150 millones de fotos. (Sin contar los 60 millones de blogs o páginas personales en las que uno se puede proclamar historiador, ideólogo, ensayista, biógrafo, lo que sea). El usuario tiene algo que decir es el presupuesto que anima esta orgía de información. De allí que aproveche al máximo las herramientas de internet.
Youtube no es escaparate de nadie y nada se guarda. Es el voyerista mayor de la parroquia. Como vanidad mata anonimato, gracias a él, en un año, millones de personas han logrado sus “cinco megas de fama”, el equivalente al warholiano cuarto de hora.
Según los gurús de la comunicación, por culpa de ese invento, se ha producido un cambio en las relaciones personales porque muchas actividades privadas se han vuelto públicas.
En la red caben los videos de quienes se tutean, o fueron a rendirles pleitesía a los paracos en Ralito, La Ceja, y ahora en Itagüí, capital mundial de la pereza. Sitio ideal para pasar un forzoso sabático.
¿Qué tal subir a la red la cara que ponemos cuando leemos en el periódico que figuramos en las entrañas del computador de Jorge 40? Tenemos la fama a un clic. Ave, youtube, los anónimos te saludan. (This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.)







