En mi memoria están marcadas dos marchas multitudinarias en Colombia. La primera en agosto de 1989, el sepelio de Luís Carlos Galán. La segunda ocurrió el pasado jueves 5 de julio. Ellas, en medio del dolor inmenso de las victimas, son ejemplo de fe. Fe en que quienes ejercen la violencia, entiendan, por fin, que ese no es el camino.
Corrían los años difíciles de finales de la década de los 80. Época en que el oscuro poder de la mafia de Medellín se enfrentaba a muerte al Estado y la sociedad colombiana.
Desde 1981 la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer Cedaw, busca la eliminación de las prácticas de discriminación en contra de las mujeres y su acceso en condiciones de igualdad a todos los derechos. En su último informe para Colombia (enero de 2007), reconoce los avances del Estado y la sociedad, particularmente en el establecimiento de los derechos, pero su ejercicio real sigue siendo limitado.
Una de las decisiones más importante que se tomarán en el Congreso este año, es la aprobación o no, del acto legislativo sobre transferencias a las entidades territoriales.
La semana pasada se presentó un estudio a profundidad del Magdalena Medio, que utilizó los resultados de la Encuesta Nacional de Demografía y Salud del 2005. El instrumento diseñado y aplicado por Profamilia, cumple ya su cuarta medición. Cada 5 años, desde 1990, la entidad realiza el estudio y hoy el país cuenta con una serie histórica de gran valor.