La pintura de Felipe Arango (1953) es un ataque frontal a la forma idealizada del cuerpo.
Con una doble mirada a la historia del arte, primero hacia su pasado y desde allí hacia el presente, el artista cumple con el plan que se impuso desde muy temprano: la reinterpretación de los grandes temas de la pintura.
En sus retratos y bodegones, la deformación, la representación antipática, la visión ríspida, la permanente búsqueda en la estética de la fealdad y del reverso de las cosas, ha sido la constante, la estrategia para representar el malestar de nuestro tiempo.
"Encarnaciones" es la serie del retorno que se exhibe en la Fundación Gilberto Alzate Avendaño de Bogotá, este trabajo lo inició en Italia, país en el que trabajó durante los últimos 20 años, y lo finalizó a su regreso a Colombia.

Retratos y bodegones
Sus primeros desnudos estuvieron vinculados a la obra de Miguel Ángel estableciendo una relación con Francis Baçon y por extensión con Luis Caballero. Son cuerpos de exaltada masa muscular en cuyo dibujo se advierte la preocupación por el domino del oficio. Fueron figuras agobiadas por un mundo de incomunicación y de locura. En adelante, a través del óleo, el artista recreó el tema del bodegón en una forma de retrato y paisaje a la vez. Con una distorsión a manera de lente de "ojo de pescado" la larga serie de bodegones fueron su homenaje a Chardin, Cézanne, Picasso, Lucien y Freud. Desde entonces incorporó una pincelada corta de trazo impresionista y su color adquirió las tonalidades plateadas y doradas tomadas del Barroco.
El tema del bodegón le permite aprehender la verdad de un mundo inanimado que halla en la naturaleza muerta un mundo pleno y curiosamente abstracto. Felipe Arango amplía la escala de sus bodegones hasta el límite manejable. Inmensas telas alojan elementos figurativos representados en planta a los que incorpora los enunciados compositivos desarrollados por los abstractos Klee y Kandinsky. Los referentes aludieron a la historia de la civilización, a los conflictos contemporáneos, a las culturas periféricas, a la vida y a la muerte. La prisión de Abu Ghraib tuvo cabida en el bodegón de gran formato antes de que Fernando Botero la abordara.
Sin embargo el artista está muy lejos de proponer un modelo de pensamiento a seguir. Evita la propuesta edificante por lo que se aparta de modelos gastados del arte político. El artista no trabaja formas de representación que resultan estériles, ridículas o inútiles (J. Rancière), no presenta víctimas ni desamparados. En Encarnaciones, tema de evidente proyección política, no hay representación explícita. Si la serie fuera una fiel figuración, correría el riesgo de ser espantosa, terrible, la dramatización del matadero.
En pequeño formato
La carne como tema en el arte ha sido abordada desde Rembrandt. El "Buey desollado" ha encontrado versiones en Chaïn Soutine, en Francis Baçon, en Joseph Beuys y recientemente en las instalaciones de Demien Hirst. Todos ellos han figurado, a su manera, el fin inevitable de todas las cosas. Han representado la carne como metáfora del fin de la vida. Igualmente el pensamiento religioso de occidente ha transferido a la carne la noción pecaminosa derivada de la culpa. En su acepción de violencia, la carne es un asunto lleno de aristas, como lo han sido habitualmente los temas tratados por Felipe Arango.
El pequeño formato de la serie se adapta a las secciones, a la composición sustraída de las carcasas de res, del despojo sangrante, de la carne cruda. Permite que la repulsión y el temor atávico a los cuerpos muertos, se convierta para el espectador en un ejercicio en el que es tan importante lo que interpreta, como lo que mira. El conjunto de las obras es una extensa variación sobre un mismo tema, razón por la que los pequeños óleos no llevan título. Pictóricamente la serie se adentra en el cuerpo, disecciona sus partes y enfoca el detalle. La pincelada nerviosa del artista se acompaña de una gama de rojos y blancos. Rojos oxidados y blancos argentados mayormente, que delatan la familiaridad con la escuela veneciana y florentina respectivamente. Colores de los que se sirve para interpretar la carne de una manera armoniosa, inteligente y de buen gusto.
En conjunto el acierto está en que el espectador traspasa el repudio que el tema suscita y aprecia la propuesta. El artista sale al encuentro de una recóndita belleza y encuentra la ocasión de hacer gran pintura ahora en pequeño formato.
Concepto y figuración
"Lo contemporáneo no está dado por el uso irreverente o por la exaltación del concepto sino por la manera en que se plasma la temática" señala el artista en el texto que acompaña la exposición. La reflexión de Encarnaciones es una brillante mirada a la historia del arte y es la significación de un artista que sabe lo que está haciendo y de lo que está hablando. Los argumentos responden ante todo a la concepción de arte como resultado plástico. Es su respuesta a la tensión que vive el arte de hoy, la confrontación entre concepto y figuración. Es la defensa de su quehacer y su trabajo, el testimonio de la vitalidad de la pintura.
*Curador
Distinciones
Al artista lo preceden reconocimientos: dos premios Paleta de Plata, en Milán y en Sulmona, el Fiorino d´Oro de Florencia, entre varias distinciones y cerca de 70 exposiciones.
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