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Quantic llegó a Colombia en el 2007 donde instaló un estudio analógico en el que grabó varios trabajos musicales en cinta con la colaboración de artistas folclóricos de antaño.

 

En el marco del evento musical Mestizo, una iniciativa del British Council llevada a cabo en Taganga (Magdalena), que busca desarrollar canales de diálogo artístico con líderes
de la cultura musical colombiana y del Reino Unido, la Agencia Anadolu habló con el DJ y productor inglés William Holland, mejor conocido como Quantic, el responsable de
recuperar la sonoridad del Pacífico colombiano a través del dance electrónico, el soul británico y los ritmos africanos.

El músico llegó a Colombia en el 2007 atraído por la basta variedad de long plays (discos de larga duración) de orquestas antillanas y acetatos grabados en la época de oro de la
compañía Discos Fuentes en Medellín.

Quantic, quien ha pisado los escenarios de importantes festivales del mundo como Glastonbury o el mítico Petronio Álvarez en Cali, le explicó a la Agencia Anadolu sus orígenes
musicales, la experiencia de grabar con el grupo Ondatrópica y la relevancia que debería tener la música campesina en una industria musical cada vez más urbana.

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¿Qué buscaba un músico originario de Worcestershire (Inglaterra) en Cali (Colombia)?

Fui a Cali porque yo soy un melómano y coleccionista de discos LP y esa ciudad tiene fama de conservar excelentes acetatos salseros y de música antillana (mezcla de ritmos
africanos, fusionados con folclores de la región antillana y el mar Caribe). Cuando llegué me pegó mucho el ambiente del trópico y su cultura misma, así que decidí establecerme
en esta parte de Colombia, a pesar de que el país vivía una realidad social bastante compleja, atravesada por unos contrastes profundos entre conflicto y alegría. Ese mestizaje
entre los ritmos que permeaban la cotidianidad, más el valor de sus personas, fue definitivo para mi permanencia en Colombia.

Parte de su educación musical viene de la corriente musical northern soul del Reino Unido, característico por sus tonos pronunciados y las raíces negras. ¿Esa memoria melódica
le sirvió para conectarse con los sonidos del Pacífico?

Yo tenía un particular interés en el soul y en el funk, pero también escuchaba música africana, me eduqué con esos ritmos. Cuando llegué al Pacífico colombiano reconocí algunas
influencias musicales de Nigeria y Ghana en el folclor de este país que me eran familiares en algún modo, pero al mismo tiempo distintas, porque la cultura pacífica conserva
ritmos africanos y a su vez se caracteriza por cantos muy propios que hablan de sus paisajes, animales y comida. Es decir, la música del Pacífico es ajena al contexto social del
norte de Inglaterra, pero con el northern soul sí se aproxima en determinados sonidos.

Esa educación primaria con corrientes como el soul y el funk fue una manera de iniciación para entender sonidos que, por ejemplo, en Buenaventura o en la selva del Pacífico
colombiano serían muy difíciles de percibir.

En general, he aprendido mucho en Colombia porque aquí abrí mi espectro a medida que recorría pueblos con ondas distintas como Timbiquí, Palenque, Barranquilla o Nuquí.

Usted es una especie de recolector musical. En ese sentido, ¿podríamos decir que sus sonidos son una progresión de los clásicos folclóricos colombianos?

Sí, aunque no soy el único. Creo que hay algunos artistas que están buscando unos puentes entre generaciones para recuperar la música que de cierta manera perdió su valor para
las nuevas generaciones nacidas en los ochenta y noventa. Parte de mi papel es tomar los aspectos modernos y adaptarlos con los clásicos folclóricos, eso me encanta.

Así puedo demostrar que los artistas de antes son relevantes para el contexto musical colombiano, porque hay una percepción de que los artistas de antaño no eran progresistas y
yo estoy convencido de que tipos como Markitos Micolta, Carmelo Torres o Michi Sarmiento fueron unos revolucionarios. El ‘hechizamiento’ mío con el folclor colombiano depende en
buena media del trabajo de esos hombres. Por eso con Ondatrópica quisimos recuperar estas voces, ambientes y tonos para traerlos de vuelta.

Hablando de Ondatrópica, el primer disco del grupo fue grabado en Discos Fuentes en Medellín, la casa de grandes como Fruko y sus Tesos y el Joe Arroyo, entre otros. ¿Cómo fue
esa experiencia?

Para Mario Galeano (mi compañero en Ondatrópica) y para mí fue una tremenda oportunidad tener un intercambio de conocimientos en Discos Fuentes. Pero además fue un lujo porque
yo, como coleccionista de acetatos, tengo muchos que fueron grabados en ese estudio. Fue una experiencia muy gratificante saber que estábamos trabajando en el lugar donde
leyendas como el Joe grabaron.

También aprendimos bastante de los procesos de producción musical análoga con Fruko. De hecho, nuestro primer disco grabado en Discos Fuentes fue el último que se hizo en cinta
en ese estudio que ya no existe.

Con Ondatrópica tocaron en el festival ingles Glastonbury. ¿Los reciben mejor en el exterior que en Colombia?

No creo, siempre hubo un buen recibimiento para Ondatrópica acá en Colombia. Lo que sí pasa es que se le hace una crítica facilista a este proyecto porque nosotros tocamos
muchas veces del año afuera del país y, supuestamente, evitamos hacerlo a nivel nacional. Escuchar eso es frustrante porque en realidad no hay escenarios, mercado o festivales
suficientes para apoyarnos, no solo a nosotros, sino a otra cantidad de artistas locales.

Usted absorbió bastante de las influencias musicales colombianas. ¿Qué le ha dado Quantic a la música de este país?

(Risas) No sé, la verdad. En mis experimentaciones con los discos que grabé en Cali por lo general había artistas de Inglaterra como la cantante de soul Alice Russell y otros
músicos originarios del Reino Unido que siempre aportaban mucho.

En alguna revista dijo que “en un tiempo donde el país se está volviendo más urbano cada día, la narrativa campesina tiene más importancia que nunca”. ¿Por qué?

Porque hay una tendencia humana no solo en este país, sino en el mundo, que busca simplificar todo a través del consumismo urbano. En ese sentido, cuando pensamos en leyendas de
diferentes disciplinas como Pelé o Gabriel García Márquez, para no ir muy lejos, es claro que vienen de pequeños pueblos que muchos consideran insignificantes.

Entonces hay que recuperar ese respeto por la narrativa campesina y bucólica, ya que constituye la raíz de todo, pues contiene una sabiduría y valor gigantesco.

Colombia está en tiempos de transición social y política. ¿Se puede decir que también hay una transformación cultural?

Yo, como extranjero, creo que la percepción de Colombia cambió mucho porque en algún momento el país estaba metido en un hoyo sin salida y en una aparente segregación que
también se vio reflejada en la música. Pero con los cambios positivos del contexto social y político, Colombia tuvo una explosión positiva de nuevas bandas que entienden la
tragedia del pasado y que artísticamente crean una música poderosa con mucho sentimiento, tristeza y alegría.

Por último, además de los ritmos del Pacífico, ¿no le interesaría intervenir géneros más montañeros como la guasca de Octavio Mesa o la llanera del Cholo Valderrama?

En un viaje que hice por Colombia para aprender a tocar acordeón me encontré con las canciones de un artista paisa que se llamaba Gildardo Montoya, un hito de la música para
parrandear en Medellín y en la zona del Eje Cafetero. La verdad sí tengo muchas ganas de trabajar con esos ritmos pero de pronto lo haré el próximo año, hasta la fecha queda
mucho Pacífico por descubrir.

 

 


TOMADO DE: www.elespectador.com