Quienes hacemos parte de las empresas y organizaciones públicas o privadas debemos siempre considerar importante el desarrollo de la región en la cual trabajamos. Y si dicha región reúne valores paisajísticos sin igual, una cultura reconocida a nivel mundial y un inmenso potencial de recursos para explotar sostenidamente, se convierte en una imperiosa obligación mostrarla ante el mundo.
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Introducción
Juan Alejandro Ángel Arango
Quienes hacemos parte de las empresas y organizaciones públicas o privadas debemos siempre considerar importante el desarrollo de la región en la cual trabajamos. Y si dicha región reúne valores paisajísticos sin igual, una cultura reconocida a nivel mundial y un inmenso potencial de recursos para explotar sostenidamente, se convierte en una imperiosa obligación mostrarla ante el mundo.
Entonces, promover la región del Eje Cafetero colombiano es el propósito principal que nos hemos trazado con este libro, lo cual asumimos como parte de nuestra responsabilidad social empresarial, aprovechando la unión de varios intereses comunes y una serie de circunstancias bastante favorables para convertir esta idea en realidad.
Nuestra región es una mezcla maravillosa de atributos naturales, privilegiados a nivel mundial, que aún requiere de mejoramiento continuo y cuidado por parte de las generaciones presentes, para legado de las futuras. Estamos plenamente convencidos de que tanta abundancia de belleza, representada en paisajes, poblados, construcciones, costumbres y cultura, debe ser presentada al mundo mediante una de las mejores herramientas para tal fin: un libro de fotografías.
Con la idea clara en nuestra mente, tuvimos la oportunidad de contactar y conocer al fotógrafo colombiano Carlos Hoyos, quien inmediatamente después de comentarle nuestro proyecto editorial, no dudó en manifestarnos su interés en hacer parte activa de él, aunque ello implicara volver varias veces al país desde su lugar de trabajo en Hollywood, Estados Unidos.
Como en todo buen proyecto, las acciones complementarias se fueron presentando por la insistencia y convicción del grupo promotor, junto con las de muchos aliados, tanto del sector privado como del público, quienes se han sumado para hacer el proyecto editorial una realidad, y han tomado como propia esta causa colectiva.
Estamos seguros de que esta semilla de promoción regional, representada en el libro La Tierra del Café, será acrecentada mediante otras acciones e iniciativas, que deben tener en cuenta que nuestras condiciones geográficas, sociales y culturales tienen características especiales, para ser vendidas con orgullo en cualquier latitud.
Los invitamos a contemplar esta obra y a dejarse seducir por las imágenes que nos muestra su autor, e igualmente a que se conviertan en promotores de una de las regiones más maravillosas de este planeta.
Dentro de las múltiples oportunidades que nos ofrece la vida, de una cosa estoy plenamente convencido: La Tierra del Café ha sido y será, sin lugar a dudas, uno de los proyectos más importantes en mi vida como promotor.
Prólogo
Alvaro Úribe Vélez
Colombia es un país de regiones tan diferentes como la Guajira y el Chocó, tan distantes como el Amazonas y el archipiélago de San Andrés y Providencia, tan dispares como la cumbia y el bambuco, tan extenso como los Llanos Orientales y tan quebrado como los Departamentos andinos, es Colombia tan diversa como los acentos que cambian sutilmente el idioma y tan variada como las decenas de lenguas que se escuchan en los cuatro rincones de la patria; así los cantos y los lamentos huelen a montaña y llanura, a sal y a ron, a caña y a ulluco.
En toda esta geografía cambiante y entre todas estas gentes, paisajes y costumbres, el pueblo del café tiene, como los demás, una identidad que lo caracteriza: una forma de mirar a sus semejantes de manera franca y amistosa, sirve sin pereza, atiende con alegría, enseña sin egoísmo, da sin esperar nada a cambio, entrega el cariño sin trastiendas; en la tierra del café viven unos colombianos de quienes se siente orgullosa la nación entera.
Los recuerdos del Eje Cafetero resumen la historia de Colombia: fue cuna de los Quimbaya, de los Arma, de los Embera, glorioso fue su pasado remoto, antes de Robledo, antes de Belalcázar y de Andagoya, antes del español, allí se tejieron mantas tan primorosas que una de ellas se cambiaba sin discutir por tres de las muy bellas elaboradas por los Muiscas, constituía el imperio Quimbaya un pueblo organizado en varias decenas de cacicazgos que hablaron la misma lengua, adoraron a los mismos dioses, cultivaron de igual manera la tierra y construyeron un laberinto de caminos a través de los cuales comerciaron y convivieron; ellos, los Quimbaya, el mayor grupo étnico que pobló las tierras que van desde el sur de Antioquia hasta el centro del Valle del Cauca, trasmitieron por generaciones de tío a sobrino el bastón de mando, y con él la sabiduría de los fundidores de oro y la tradición de un pueblo que sucumbió en pocos lustros y que desapareció sin dejar otra huella que sus tumbas, sus nombres y su arte.
Después, sobre las cenizas de la civilización perdedora, surgieron las ciudades españolas como huella del paso de los recién llegados, a estos pueblos coloniales, romántica copia de la vieja ciudad española, sucedieron los asentamientos republicanos que florecieron y aparecieron como por arte de magia por la fuerza de los emigrantes, muchos de ellos antioqueños, que abandonaron las tierras cansadas del norte y se atrevieron a enjalmar la mula, y con su prole se aventuraron y descuajaron la densa montaña en la que se había transformado el viejo imperio.
Hijo entonces de “antioqueños y vallunos, de tolimenses y paisas” el Eje Cafetero se convirtió en el corazón verde de la patria, fue su tierra fértil regada con el sudor del colono que sin temor y acompañado de su fiel compañera enfrentó la pobreza con arrojo y sin pereza, e hizo florecer el café, y llenó de verdes sementeras la tierra arrugada que nadie había querido, este pueblo joven y mestizo, esta gente amable y laboriosa generó las divisas de las que se nutrió la nación entera cuando necesitó comerciar con el resto del mundo y fue la cuna en la que se desarrolló una patria distinta, donde al amparo de la democracia se creó un país de propietarios, campesinos soberanos en su terruño, quienes no necesitaron reconocer amos, servidumbres o viejas herencias, modelo que sirvió para generar una casta dueña de la montaña, imperio de la igualdad y motor de crecimiento.
Hoy después de haber logrado la parcelación administrativa y política que les permitió a cada uno de ellos ser soberano en su terruño, encontramos a una nueva generación que ha entendido que la tierra del café, como región, constituye la más extensa ciudad del país, y por lo tanto ha decidido emprender la marcha del nuevo siglo consciente que a través de esfuerzos en comunidad logrará hacer valer su privilegiada situación geográfica en todo el centro de Colombia, de América y con grandes potenciales de interacción comercial, cultural y social con el mundo entero.
Este libro de fotografías resume la historia, la arquitectura, la geografía de esta parte del país que ha sido ejemplo de laboriosidad, honestidad y empuje y que seguirá, de ello estoy seguro, sirviendo de faro que iluminará la senda que ha de recorrer Colombia en este siglo XXI.
